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Lanzamiento del Plan Nacional de Participación
Comunitaria en Seguridad
Reproducimos el editorial de Miradas al
Sur del Jueves 7 de abril de 2011
Por Eduardo Anguita
Fue una tarde con banderas del Movimiento Evita
y de delegados de foros comunitarios, unas pocas policías
mujeres ataviadas con uniformes de la Guardia de Infantería,
vecinos inquietos y funcionarios del Ministerio de Seguridad.
Sólo la explanada de la Biblioteca Nacional podía
albergar un Plan Nacional de Participación Comunitaria
en Seguridad que no viniera de la mano dura. La idea fue,
por lo menos, original. Los que llegaban por la calle Austria
pasaban al lado de los hombres y mujeres que entraban o salían
con sus bastones blancos desde la sede del Coro Polifónico
para Ciegos. También pisaban, un poco más hacia
Libertador, la vereda del Instituto Juan Domingo Perón.
Los que llegaban desde Agüero quizá bajaban por
la calle Gelly y Obes y, sin saberlo, atravesaban el edificio
donde vivía el padre Carlos Mugica. La ministra Nilda
Garré convocaba a un encuentro donde la mayoría
de los asistentes había quedado afónico gritando:
"¡Policía Federal, la vergüenza nacional!"
y en que, no pocos, habían conocido calabozos y picanas.
Sin embargo, otros de los concurrentes eran los comisarios
a cargo de las 53 comisarías de la Ciudad de Buenos
Aires y algunos de las delegaciones del resto del país.
Qué hubiera pensado de este encuentro el general Perón,
proscripto y perseguido, líder del movimiento popular,
pero que tuvo también a José López Rega
como secretario privado durante tantos años. O el cura
Mugica, que cayó atravesado por las balas de Rodolfo
Almirón, sicario de la Triple A y oficial de la Policía
Federal. Ni qué hablar de Jorge Luis Borges, el gran
escritor que dirigió esa biblioteca desde que derribaron
al gobierno constitucional de Perón en 1955 hasta que
terminó la proscripción al peronismo y asumió
Héctor Cámpora.
Ayer, custodiados por los jóvenes que salían
de consultar libros, la historia se dio una cita. Podía
verse al "Pitu" Salvatierra, el militante de Soldati
que no tiene vergüenza en contar lo que es la vida tumbera,
y también a Jorge Van der Ghote, secretario de Seguridad
de Pinamar, el rugbier que se sumó a las ideas de León
Arslanian en el municipio donde la Bonaerense se cargó
a José Luis Cabezas. Podía verse a Daniel Filmus
o a Carlos Tomada, que saben que la agenda porteña
no puede abordarse sin hincarle el diente a la seguridad.
Ayer el ambiente era variopinto, como tiene que ser cuando
una sociedad quiere abordar sin hipocresías un asunto
de múltiples aristas. En el que cada cual antepone
el cristal que le gusta pero en el que, más allá
de las subjetividades, se cruzan diversas miserias, las del
crimen organizado, que incluye a los corruptos o a los narcos,
pero que también se dispara a otras violencias, como
las de los pibes usados como mano de obra criminal o las de
un padre golpeador o un marido borracho. Basta haber ido a
una comisaría a hacer un trámite y hacer la
amansadora en la sala de espera para entender lo variada que
es la agenda policial.
Participación comunitaria.
¿Qué es lo nuevo que trae Garré? Lo
primero es que expresa una decisión -quizá tardía-
de poner en práctica una política de Estado
que alineará muy fuertemente a las fuerzas de seguridad
nacionales con la presidencia. Para eso, Cristina Kirchner
convocó a Garré, que venía apoyada en
los logros de Defensa. La reunión de ayer había
sido prevista para el lunes 21 de marzo; si se demoró
fue, entre otras cosas, porque tenía que terminar de
definir quiénes eran los comisarios que quedarían
al frente de cada una de las 53 comisarías. Y los relevos
de la semana son una prueba de que esto va a fondo: 36 jefes
de seccionales tuvieron que dejar sus puestos. Entre las claves
de esta política está la de recurrir a la participación.
Es decir, abrir las comisarías a organizaciones de
cada barrio que puedan participar y que ayuden a ejercer el
control vecinal. A nadie escapa que la gran sombra de la corrupción
estructural, organizada, con negocios millonarios, sólo
es posible en base a una estructura de mandos inaccesible.
Y no se trata de señalar sólo como sospechosos
a uniformados, sino a algunos de sus jefes como articuladores
de negocios muy rentables que requieren de emprendedores y
trabajadores (desarmaderos), de narcos pequeños y medianos
(tráfico y venta de drogas), trata de personas (prostíbulos
y traslado de mujeres de países limítrofes o
provincias alejadas). Pero también implica poner la
mira sobre funcionarios de Inteligencia, fiscales, jueces,
dirigentes políticos, empresarios de medios y hombres
de negocios que llevan y traen propuestas que requieren de
impunidad. Y eso se logra en las sombras. Claro, sombras dentro
de las comisarías. Es decir, cámaras de seguridad
-a veces sospechosamente caras- por las calles y un muro de
silencio puertas adentro de los edificios policiales.
Tan claro es que el problema es ese que León Arslanian
puso énfasis en la creación de foros de seguridad,
y cuando llegó la gestión de Carlos Stornelli,
lo primero que le pidieron los comisarios de la Bonaerense
a Daniel Scioli fue terminar con el control civil de los mandos
policiales y también de cada Dirección Departamental
de Investigaciones. En esa tarea, Arslanian había contado
con la ayuda inestimable de Martha Arriola. Ayer, otro componente
de lo novedoso de esta política es que las tres personas
que estaban sentadas al frente de los micrófonos eran
tres civiles, y las tres mujeres. Garré, Arriola e
Ileana Arduino, jefa directa de Arriola y que acompañó
a Garré por años en Defensa. Estas mujeres,
que cumplen las instrucciones de otra mujer, la presidenta,
tienen una política clara. De acuerdo con lo expuesto
ayer y por el estilo frontal pero respetuoso de Garré,
el acento estará puesto en un proceso de articulación
que no releve de la responsabilidad operativa a los uniformados
pero que incorpore la seguridad como un derecho ciudadano
y no como una prerrogativa de una institución policial.
Es probable que de la formulación de este principio
a un funcionamiento pleno haya procesos que lleven tiempo.
Pero con consignas claras, como las que expresó la
ministra de Seguridad cuando dijo, por ejemplo: "La marca
diferencial que supone la participación comunitaria
se constituye como tal cuando se asume que las personas y
su bienestar cuentan como fines en sí mismas y no como
medios. Es decir, cuando la ciudadanía organizada es
convocada para protagonizar el cambio y no con una retórica
pretendidamente inclusiva que luego no hace otra cosa que
banalizar el rol de la comunidad." Ya no se tratará
sólo de poner la lupa sobre las currículas de
la Escuela de Cadetes Ramón Falcón sino de capacitar
cuadros ciudadanos en el tema. Y para eso, la ministra advirtió
que se harán "convenios con la Universidad de
las Madres y la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, con
quienes hemos acordado una propuesta curricular y una modalidad
de capacitación desde la perspectiva de la educación
popular".
El párrafo siguiente resulta muy claro y confirma hasta
dónde está dispuesto este gobierno en materia
de terminar con la visión corporativa que, hasta ahora,
tuvieron los cuadros de la Policía Federal: "Nos
anima la intención de recuperar el sentido más
profundo que tiene la profesión policial: servir a
su comunidad, recuperar credibilidad y prestigio a partir
de la motivación y el profesionalismo. Este objetivo
no será posible si no batallamos contra el fundamentalismo
de mantener viva una cultura institucional cultora del secreto.
La mayor transparencia permitirá, además, que
las fuerzas de seguridad puedan explicitar su tarea, volverla
más comprensible, demostrar su capacidad de resolución
de problemas o bien, alertar sobre lo que no funcione regularmente
y cambiar el rumbo."
La tarde caía. El fin del breve discurso fue seguido
de aplausos. Sin insultos ni agravios. Hubo música.
No fue la banda de la escuela de cadetes sino un grupo de
rock, y no fue para interpretar las fanfarrias típicas
para engalanar uniformes. Tocaron una de los Fabulosos Cadillacs
muy conocida en las barriadas: "Mal bicho". Y dice
cosas como: "Vos que andás diciendo/ que hay mejores
y peores/ Vos que andás diciendo/ qué se debe
hacer/ Escuchá lo que canto/ Pero no confundir/ Es
de Paz lo que canto/ Qué me hablás de privilegios/
de una raza soberana/ superiores, inferiores/ Minga de Poder/
Cómo se te ocurre/ que algunos son elegidos/ y otros
son para el descarte..."
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